25 de feb. de 2026

OPINIÓN

EL ODIO Y EL FANATISMO CABALGAN JUNTOS




Manuel Vázquez de la Cruz 

 El relato es echarle la culpa al gobierno y a Sánchez. Sobre todo a Sánchez. Es tan ridícula la manía de esta gente con ese hombre, que yo, que no he votado nunca a este señor y que no le perdono su pacto con Marruecos contra los míos del Sáhara, empiezo a ser un poco sanchista, como dicen ellos y aún no sé que coño es eso. 

 Ni me importa porque hasta ahora no les escuché a los que se lo llaman, en toda la legislatura, decir algo aprovechable. Y me llegó y sobró. Tampoco tienen gracia. 

 Honradamente los cuatro jinetes de la malignidad montan muy mal a caballo - el caballo de la política -, y parece mentira que sus llamadas al fanatismo puedan tener el mínimo éxito. Y es de alucinar que alguien los pueda votar. Vuelvo a Joseph Goebbels, a la División Azul, a la asignatura de Formación del Espíritu Nacional.

 El camino sin señales tiene inmensos recursos y, aunque parezca mentira, mentir y volver a mentir, en este país puede tener premio. 

 Cómo se puede dar el voto a alguien que para mí es absolutamente culpable de las muertes de miles de ancianos (de mi edad, joder, de mi edad. Joder, que me encanta vivir, sentir el calor del sol, la lluvia y ver la sonrisa de un niño). Me gustaría que fueran verdad las historias de Soledad, una señora de Ribadelouro muy querida, que nos hablaba de aparecidos y como los ancianos muertos por dejadez volvían para vengarse de sus maltratadores. Ojalá le den un buen susto a la princesa Ayuso y a su delincuente pareja. Me encantaría que le amargaran sus momentos mas dulces. 

 Estos sinvergüenzas y sus allegados, son capaces de decir - y dicen -, en una llamada al fanatismo, que Sánchez no puede salir a la calle. Esa merdada, no cabe otra palabra, puede ser una llamada a que otros le hagan eso a Feijóo. O sea, a crear una forma de hacer política absolutamente despreciable y una llamada a los fanatismos para que gentes de esa condición monten una especie de guerra de a ver quién,  puede salir, o no, a la calle. Parece que alguna gente ha perdido el sentido común. 

 Sin ese sentido son muy malos políticos, muy mala gente y ponen en peligro la democracia. A no ser que sea eso precisamente lo que quieren, para volver atrás a la dictadura, montada con la disculpa de que en todo el país anda todo el mundo a hostias y ellos son los llamados a dar seguridad a la sociedad. A salvarla. 

 Casi lo están haciendo, de algún modo ya. Uno se alegra de saber que un poco mejoramos. Mas, mucho más que con ellos. Ellos “daille que daille” con las dimisiones. Aburridos, la verdad, son un rato largo. 

 Recuerden lo que empezaron a hacer cuando perdieron las elecciones en febrero de 1936. Como se fraguó el golpe de estado de aquel maldito año debería ser estudiado, muy estudiado en escuelas e institutos. No sé por qué no se hizo cuando Felipe González ganó por absoluta mayoría las elecciones. 

 Ahora ha habido un triste accidente de ferrocarril. Ruego a los familiares que perdonen pero que de la desgracia, de la inmensa desgracia para los familiares de los fallecidos, el señor Feijóo haya querido hacer una campaña contra el gobierno, es de puro fanatismo. 

 Si los investigadores dicen y aciertan, que es de un rail o de una soldadura, se queda solo en llamadas del jinete del apocalipsis al fanatismo. Muy mal hecho. 

 Pero en el caso de que sea un sabotaje habrá que llegar muy al fondo y dilucidar si es un fanatismo asesino. Porque señores que crean fanáticos, ustedes a mi me parecen que lo hacen, nadie sabe nunca a donde pueden llegar algunos que les sigan en el odio que ustedes despliegan en sus intervenciones. 

 Al que escribe se le acercó hace poco tiempo un señor para decirle que tenemos un gobierno de delincuentes. Y no se refería, por supuesto, al príncipe consorte de Madrid, ni a los cientos del partido del excelso y alabado Víctor Quiles. ¡¡¡Siento vergüenza ajena con este asunto!!! Y también pena de ustedes. Me parecen capaces de cualquier cosa. 

 Y ahora están los jinetes de la apocalipsis tremendamente ocupados con el presunto abuso sexual de una mujer policía por un superior también policía.

 Uno jamás entenderá y siempre despreciará cualquier hecho de este tipo. Uno siente asco de que haya gente que encuentre el mínimo placer en un acto así. ¡¡¡Jamás!!! 

 Y dentro de este tipo de actos el asco es mayor cuando intervienen ministros de Dios con niños. 

 Señor Feijóo, jinete del apocalipsis, yo jamás les he escuchado a ustedes condenar esos actos ni mucho menos pedir la dimisión del presidente de la Conferencia Episcopal. 

 Hagan ustedes política, pongan propuestas, estudie usted un poco mas los temas, procure no insultar a diestro y siniestro... Compórtese, coño.

 Y... ¡¡¡viva la convivencia pacifica y la paz!!! 

 Y, señor, larga vida - vengan las epidemias que vengan -, a los ancianos como yo.

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