Lágrimas por una muerte anunciada
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, habíamos de recordar aquella tarde remota en que Gabriel García Márquez nos llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava alzada en el primer párrafo de un libro que ya no podríamos olvidar nunca.
Ningún comentario:
Publicar un comentario