Defendamos la democracia y la paz, siempre. (y V)
Manuel Vázquez de la Cruz
Si donde los nuestros fueron emigrantes para vivir, se les hubieran dicho los de aquí primero, a lo mejor no hubiera habido eso que llamaron milagro español.
Y el único momento en que el franquismo tuvo algo bueno, un mediano crecimiento económico, se hubiera ido al carajo.
De aquella dictadura la Iglesia Católica la comandó y se aprovechó. Fue parte. La bendijo. Tiene razón mi amigo al dudar de su ateísmo cuando lee la explosión del cadáver de Pío XII.
Por ejemplo para poder emigrar a Venezuela, en este caso, una chica de mi barrio, y otros y otras de todos los barrios aldeas y ciudades, tenia que acudir al cura párroco para que le diera un certificado de buena conducta. Vive ahora en Tui y el cura no se lo quería dar porque era muy mal hablada, decía el reverendo.
Y cumplir el precepto de confesarse y comulgar por lo menos una vez al año, era obligatorio.
Y había los nueve primeros viernes de mes. Muchos los hicimos con una estampa que llamaban detente, la imagen de Jesús de Nazaret con un corazón sobre el pecho. Por lo visto eso aseguraba el cielo.
Y crecieron las vocaciones sacerdotales. En 1947, cuando yo entré en el seminario por no saber decir que no (eso también era franquismo), esa casa, hoy vacía, albergaba a 200 futuros curas. Eso querían las madres a las que, a algunas, el Nacional Catolicismo les hizo ser más de Dios que de sus hijos.
Vuelvo a dar un puñetazo en la mesa y os mando un abrazo.
Y ¡redios!, con perdón. En aquel tiempo todo era pecado, todo estaba censurado y en las puertas de las iglesias las películas que habían pasado la censura se clasificaban por colores. Me acuso de haber visto muchas granas, como Lo que el viento se llevó y Gigante, en el otro lado de nuestro río que une a Galicia y Portugal.
Un saludo otra vez. Pero es casi seguro que siga con el tema cualquier día. Son los escritos de un viejo que quiere poner su granito de arena de tan pequeño tamaño que ni se ve, a favor de la democracia solidaria, fraternal y a que por lo menos que todos seamos iguales ante la ley. Hoy no es así.
El fascismo, sus rimbombantes y ridículas consignas (en la amplia extensión de la palabra), sus uniformes, sus saludos romanos imperiales..., ha sido mucho mas que eso. Fue miseria, cartillas de racionamiento, niños andando descalzos por carreteras descarnadas y caminos enlodados, luz de Tebra, oscuridad y la mayor hambruna de siglos. Todo, eso sí, por el Imperio hacia a Dios.
El dios absolutamente contrario a lo que predicó Jesús de Nazaret.
Quizás contra esa sociedad que algunos deseamos y contra la democracia imperfecta que disfrutamos (vuelvo a recordar a mi amigo normando), movidos por alguien que no aparece en escena, pero lo inventa el propio sistema, se está creando opinión sin el mínimo sustento y, como por casualidad, en todos los países el extremismo político de ultraderecha.
El poder del dinero de millonarios y billonarios catequiza e impone. Cuidado... , es el mismo poder que aupó a Hitler, Mussolini, Franco, Salazar...
Y que un impresentable gobierne el imperio da fundado miedo y con sus hechos terroríficos en Palestina, en Cuba, en el bombardeo de las niñas de la escuela de Irán, en el trato con los emigrantes en USA..., en pasarse por el arco del triunfo todas las leyes internacionales.
Como en su momento hizo Hitler.
Y dice el impresentable que quiere Canadá y Grooenlandia. Y el mundo calla, otorga, permite..., también como hizo con Hitler
Ellos, los que lo permiten y sus acólitos, son lo peor de la humanidad. De esa gente, la que habita entre nosotros, sale la consigna mentirosa hasta la obscenidad de que con Franco se vivía mejor.

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