1 de set. de 2022

OPINIÓN

"(...)  Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera."


 Final del poema “A un olmo seco”, de don Antonio Machado


ZONA FRANCA, CONCELLO Y XUNTA DE GALICIA SÍ SABEN LO QUE PUEDE A PASAR EN RIBADELOURO




Manuel Vázquez de la Cruz

 En los cuarenta mi barrio obrero de San Bartolomé era del bando perdedor. Algunos lo sabían, otros no querían saberlo. Las mujeres lo callaban o quizás las callaban. Un día pasaron dos guardias civiles con un hombre esposado. Vi claramente a una señora llorar con pena. Me fijé en la cara del hombre y él nos sonrió con tristeza y con cariño a los tres niños que lo mirábamos curiosos. Nunca olvidé su cara, ni su sonrisa y ni los lloros de la señora y todo está en mi ánimo de un modo persistente. Todas las mujeres de mi barrio recibían el tratamiento de señora. Pobres o menos pobres, todos le decíamos señora y su nombre. Aquella muestra de respeto me pareció siempre hermosa.

 Aquellas señoras, mujeres de trabajadores, madres solteras a veces, viudas otras, fueron las que más perdieron en la guerra. Pero no pudieron ni con su humor, ni con su esperanza, ni con el cariño y dedicación por sus hijos.

 Pasaron los años y siempre las tuve en mi pensamiento y así lo he escrito muchas veces. Un día en la catedral de Tui di muchos nombres (me duele no haberlos dado todos por imposibilidad de tiempo y se lo debo a las que no mencioné) cuando con aquiescencia de don Ricardo, entonces canónigo en la catedral, en una misa que ofició por mi madre, mi pidió, pobre de mí, que yo hablara desde el altar. Fue un poco milagro el inmenso respeto que se demostró aquel día a ser creyente o no. La bondad puede ir de la mano, y la amistad está siempre en otro plano.

 A aquellas mujeres era una maravilla escucharlas. Los pequeños lo hacíamos a hurtadillas, y sin que se dieran cuenta, en sus tertulias al caer las tardes de calor y cuando ellas tomaban la “fresca” en la acera regada. Fue una universidad de aprender a querer y a pensar. Allí entendimos el cariño y el coraje, aunque para ello tuvimos que hacernos mayores y volver a pensarlo, que se necesitan para que con medios limitadísimos, sacar hijos adelante y disfrutando de los días, los amaneceres y la llegada de la noche para la tertulia y la convivencia. Eran personas que sonreían a la vida aunque solo tuvieran el sol. Mujeres del viejo barrio, en años de hambre, sin luz y con miedo, se lo pasaban bien con las cosas más simples. Sabían ser maliciosas y de conversaciones muy verdes pero también compadecerse de las personas, llorar por ellas, hablar de sus hijos y no entender mucho las “seriedades y los gritos fascistas del ritual” que se cantaban y gritaban.

 Un día una chica joven y soltera les contó a todas que le habían dicho que debía guardar el himen (por supuesto no empleó esta palabra) para el futuro marido. Y se habló largo y tendido del tema y la cumbre de la conversación fue cuando una informó que una bruja portuguesa lo arreglaba, dejaba todo muy perfecto, como del “trinque”, y lo hablaban a la fresca, con frescura y sin groserías. Una de repente y en tono muy festivo gritó más que dijo: ¡Si lo hubiera sabido antes!

 Las risas convirtieron el entorno en una algarabía. El dicho se hizo costumbre, viral que dicen ahora, pero solo ellas sabían el significado y en el lavadero o en los caminos o cuando ganaban cuatro perras sachando maíz a pleno sol, muy sudorosas, si se cruzaban dos, una decía: “Si lo hubiera sabido antes”. Y rompían el aire con sonoras carcajadas. Había un marido del que se contaban malas historias de aquel fatídico 1936, que se cabreaba mucho porque decía que no le olía bien aquel dicho, (quizás intuyó que la frase iba contra el régimen de cuartel y sacristía imperante; lo que era cierto, aunque las mujeres no lo sabían). “¿A ver a qué viene eso?” gritaba, siempre colérico. Las risas se acallaban pero las caras en silencio reían y reían. El silencio era, por si acaso; los tiempos eran malos. Al hombre, también solo entre ellas, le pusieron de apodo “A qué viene eso”.

 Un día hubo una celebración de las muchas del fascismo y “A qué viene eso”, o sea el marido cabreado, gritó marcialmente ¡Arriba España! y una señora dijo muy bajo: “Pois o que a fundíu que a erga”. A su lado rieron las caras.

 Quizás aquella mujer de la tertulia sabía ya muchas veces en la vida lo que todos pensamos en otras muchas ocasiones: “Si lo hubiera sabido antes”.

 Es mucho pedir que se escuche ahora a los que no han podido decir o protestar antes, en el 2011, porque los que deseaban hacer negocio, lo tuvieron bien tapado y no informaron, que es desinformar. Estuvo el tema mucho más oculto y más tapado que…, que existía una bruja en Portugal que arreglaba desperfectos, que no eran tales. Lo que quieren hacer en Ribadelouro va contra todas las recomendaciones de los organismos internacionales y de la razón. Lo que se gestiona, disfrazado con la consabida creación de puestos de trabajo es ganar mucho dinero, hacer desastres monumentales en el medio ambiente y daño a personas. Me refiero al polígono que quieren hacer destrozando árboles y arrinconando gente. Lo otro no era nada. Simplemente, como supe que decía la bruja: “Apenas uma puntadinha para que eles, os homens, estufem o peito quando consomem o casamento e elas fiquen tranquilas antes e depois”.

 El polígono de Ribadelouro es cosa de dinero, de que alguien quiere ganar mucho por encima de todo. Y el destrozo que quieren hacer los del negocio no se arregla en siglos.

 Nunca podrán decir ustedes, los de Zona Franca, Xunta de Galicia y Concello de Tui “SI LO HUBIÉRAMOS SABIDO ANTES”´.

 LO SABEN Y NI SIQUIERA HAY QUE SER MUY INTELIGENTES PARA ENTENDERLO. Si les cuesta trabajo cómprense un dron con cámara y vean lo que quieren hacer. Y si con verlo en fotografías y mapas no lo entienden, también pueden patearlo pero no lo hagan solos. Podrían “perderse” entre amieiros (alisos, en castellano). Deben saber, eso sí, que es un árbol capaz de fijar el nitrógeno del aire. A ustedes eso les da igual pero a los agricultores, a las plantas y a los animales herbívoros que obtienen sus proteínas de la hierba que da la tierra, no.

 Cuando se corta un amieiro también se cierra una pequeña fábrica de fertilizantes nitrogenados.

 ¡¡¡Qué no nos roben el milagro de la primavera!!!

 En memoria de la señora Gloria Álvarez Martínez, “A Krica” por familia, madre de Severino e Ignacio, con sus mismos apellidos, mujer valiente y simpática, que en aquellos tiempos difíciles sonrió a la vida y sacó adelante a sus dos hijos con mucho sufrimiento, grandes trabajos y heroicamente.

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