LOS CRÍMENES FUERON EN MELILLA
Manuel Vázquez de la Cruz
Un día, otro, horroroso en la vida de las personas que odian las guerras y las mentiras. Y esta vez parte de culpa es de un gobierno en el que hay gente mía y es el del Estado en el que habito.
Yo creo que los míos deberían marcharse. Antes que las posibles mejoras que puedan lograr para la gente, como dicen ellos, o el pueblo como digo yo, está la dignidad.
¿Traicionaron al pueblo del Sahara para poder matar libremente a los pueblos de más abajo?
Esa es la pregunta y si parece que la respuesta es sí, los míos no deben seguir en ese gobierno.
¿Quiénes son los míos? Los que creen en un mundo que sueña “que tudo é felicidade e miseria non ha” como pregona un fado.
Pero, una vez más, la muerte puso su guadaña en las manos de asesinos mandados por los que mienten y dicen que la política correcta es suciedad.
Y matan.
Tristes, abochornados e indignados estamos los otros. Los incorrectos que amamos a la vida y sentimos las muertes violentas de hombres y mujeres.
Creo que toda la buena gente del mundo, por encima de la política, debe estar como yo. Y los que además son gobierno obrar en consecuencia.
Como Emiliano Zapata volver a la lucha por otra cosa.
Pido disculpas a mis amigos de las dos orillas del Miño por empezar mi colaboración con tristezas. Será por poco tiempo en los escritos. Los crímenes de Melilla seguirán y seguirán.
El, los crímenes, se hicieron en Melilla, raya en el medio y en las dos partes: España y Marruecos.
Dicen que las culpas son de las mafias. ¿Está algún soberano inviolable en esa organización y por eso no se descubren a sus integrantes?
Eran personas que huían del hambre y las mataron por cómo cantaban Fuxan os Ventos “porque que querían tirar a FAME e poder como”.
También dicen que murieron asfixiados. ¿Se juntaron a propósito para asfixiarse amigablemente?
Quizás ellos quedaron sin palabras pero sus familiares los seguirán llorando. A los culpables, en mayor o menor medida, les queda la mentira.
O quizás, como decía León Felipe, están mudos, o sin palabras que puedan justificar esta tragedia y sin disculpas justas o creíbles por ellos mismos. Se han vuelto paladines de la injusticia y del crimen.
Eso que era patrimonio de los otros. Ahora parece que de casi todos.
Entonces la pena se hace también asco y repugnancia.
A mis amigos de A Guarda, Caminha y de mi origen de Vilar de Mouros, del que un día emigró mi abuelo materno mientras el paterno estaba ya también emigrado en Portugal, un aquí estoy.
Y muy contento.
Que falta hace que de vez en cuando alguien remueva las conciencias, no sólo de los que se creen "corectos", si no de todos.Tu amiga buena.
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