24 de set. de 2026

OPINIÓN

AGUA, PRESAS, SUELOS Y EL GRAN DEPREDADOR 


Manuel Vázquez de la Cruz

 Si el agua, el agua que corría por el monte, por los regatos, que salía de las fuentes desde siempre, siguiera entre árboles de aquí...pues no haría falta otra presa. 

 Pero desde hace años han llegado árboles extraños de lejanas tierras que no tienen nada que ver con la nuestra. Esa llegada es la parte más importante de que a las presas no llegue agua. 

 Pero este bien precioso del que en un principio surgió la vida sigue saliendo del monte, pero de otra manera. Ahora sale en camiones. Alguna se pierde antes de llegar a la presa en los cauces sin limpiar y después en fugas derivadas de trabajos chapuceros. 

 Antes del antes habría que preguntar a la Xunta de Galicia el porqué no se hace una ordenación del territorio y se piensa más en los seres vivos que en el dinero. Inundar un valle en el que siempre se cultivó pan -así se llamaban los campos sembrados de centeno- prados naturales, “soutos” de carballos y castaños que con su sombras guardaban la humedad de la tierra... no es bueno ni para el suelo, ni para el agua, ni para la vida. Su crecimiento, el de nuestros árboles era y es lento. Parece que nuestros gobernantes no han entendido que el agua hace el paisaje y los paisajes han cambiado para mal. 

 Amigos, no es eso. No hacen falta presas. Hace falta, eso sí, ordenar el territorio y poner los árboles en sitios adecuados; hace falta limpiar las viejas “regueiras”; hace falta cuidar el transcurrir del agua antes y después de la llegada a la presa, y hacerlo como un bien precioso, también después. Guardalo para derrocharlo o perderlo en escorrentías inapropiadas, que también pasa, es no entender el valor del agua. 

 Y, cada vez aparece más claro, es absolutamente necesario tratarla con devoción y por encima del dinero. Algo que no sólo no se está haciendo bien y parece que se planifica lo contrario. 

 El bien precioso actualmente, observando el monte, y pensando que debe ser el agua, es para algunos solo la madera de eucalipto. Y eso es contrario al agua y por tanto a la vida. 

 Véanlos ustedes crecer. Hagan un cálculo de cuantas plantas por ha hay en las plantaciones.  Paseen entre esos árboles, si resisten la sequedad de su suelo y miren lo que crece debajo: nada. 

 La presencia de un eucaliptal es manifiestamente el maltrato del agua que llueve desde el cielo y lleva a hacer papel. Nos hemos quedado sin campos, sin aldeas, y casi sabiendo algunos muy bien a dónde nos llevan, nos estamos quedando sin agua, sin ríos y, como decía Rosalía cuando en el poema de Adiós rios, adiós fontes a sus paisajes, pero esta vez sin posible retorno, “sen regatos pequenos”. Mas madera, piden a lo Groucho Marx las celulosas. 

 Lo que hace falta no es otra presa. Hace falta que no haya eucaliptos cerca de los manantiales donde nace el agua, ni de los riachuelos por los que camina, que además no se limpian. 

 Pregunto:  

 ¿Cuántos eucaliptos hay en una plantación de este árbol por ha?   

 ¿Cuántos metros cúbicos de madera produce anualmente una ha de eucaliptos en esas densidades?  

 ¿Cuántos metros cúbicos de agua son necesarios para producir un metro cúbico de esta madera tanto si se acelera el corte con el uso de fertilizantes como si no? 

 Con la idea de que la pela es la pela, el dinero primero, hemos topado. 

 Sancho, Sancho pueblo, ellos son así. No les importa lo que pueda sobrevenir, la pela es lo único importante. 

 O los pueblos dicen no, o con la inteligencia artificial desaparecerán. Por la pela, que allí es la tierra y la pureza de sangre sionista de pueblo elegido por Dios, están cometiendo un genocidio en Gaza. 

 Por la pela, por encima del bien y del mal, gobierna Trump el mundo y amenaza con aniquilar pueblos, y los tontos de la historia, incluso algunos que lo escuchan en la Asamblea de la ONU, quedan ademirados, como dice un precioso fado. 

 Por la pela Galicia se está quedando sin aldeas, sin campos de cultivo, sin tojo, sin ganado en los montes...  

 A alguien que yo escriba "sin tojo" le parece una idiotez. Pues no, gracias a esa planta se ha podido durante milenios hacer mejor calidad el suelo, que en el principio eran improductivos y ella sostuvo tierras en el monte. 

 ¿Quiénes son los enemigos del pueblo ahora en Galicia? 

 Los que quieren convertir nuestra vida en un enorme eucaliptal. Las raíces de este árbol rompen capas que albergan el agua que no vemos y destruyen suelos y subsuelos. 

 No, no hace falta otra presa. No hace falta inundar. Hace falta ordenar el territorio para poner las plantas en sus sitios con ciencia. 

 Y si no hay ningún sitio para los eucaliptos... obrar en consecuencia. 

 ¿Por qué? Porque si no, aunque hagan muchas presas, más pronto que tarde tendrán que ir a buscar el agua para beber al mar. A lo mejor es lo que quieren para seguir en un negocio sin fin. 

 Algún día habrá un enorme incendio por el sotobosque y por las copas de los árboles en lo alto, y puede ser tremendo. 

 Porque la pela es la pela, puede traer miles de muertos. Un monte sin agua convertido en un inmenso eucaliptal puede causar una gran mortandad.  

 En un análisis de hojas de esta planta en un verano normal, ni siquiera como el que hemos sufrido este año, ¿qué contenido en sales altamente inflamables aparecen en los resultados? 

 Pero como aquel gallego de mi aldea que repetía constantemente ¡¡¡LA PELA ES LA PELA!!! Eso es lo que dicen las grandes fortunas y los que las que defienden políticamente. En Galicia parece que lo hacen nuestros gobernantes del PP. 

 Allá mueva feroz, y a mi entender grosera, guerra el señor Feijóo pero se debe saber que aquí se hundió durante su mandato el sector primario. 

 - Sí, amigo, é verdade, empezou con Manuel Fraga Iribarne. 

- Manoliño, se eses poideran, non ficaba un  castiñeiro con vida, nen cabalo no monte, nen unha ovella, nen un prado, nen unha toxeira... Lográrono, amigo. 

 Al escribirlo lo escuchó otra vez. 

 El ganado en el monte, el cuidado del agua, las tierras de cultivo que costó milenios hacer, el beber de las fuentes y el comer de lo que producen las tierras más cercanas, nuestras tierras, están reñidos con las pelas. Éstas están primero para los de la pela es la pela. 

 Los embalses en Galicia casi todos han sepultado bajo sus aguas las mejores tierras de cultivo. Recuerdo con mucha pena aquel que anegó una tierra de viñedos donde no había entrado la filoxera. 

 También recuerdo aquella tarde de lluvia intensa precedida en los días anteriores de fuertes temporales. Era invierno y aquel invierno había sido como el que precedió al final de la primavera y verano de este año.  

- Manolo, xa non se lembran nen pensan que probablemente o cambio climático vainos levar a anos de dúas estacións: seca e de chuvias.  

- Pode que non, amigo. Tan pouco lles importa. A pela é a pela, dirán. 

 Justo aquella tarde en que había un diluvio sobre su provincia el gobernador de Lugo, cuyo nombre no recuerdo, nos  solicitó a don Emilio Gil y a mí, para hablar de los problemas del campo en sus “dominios”. 

 Los dos coincidimos en cuál era el más importante. Lo comentamos en un bar y nos reímos pensando en lo mucho que se iba a reír de nosotros cuando se lo comentáramos. 

- No se preocupe, Manolo. A él le importa un bledo la agricultura y solo nos llama para aparentar. 

 Se rió mucho el regidor mandamás de la provincia cuando le dijimos que el problema más importante de la agricultura gallega era la falta de agua en los suelos en verano. Que hacía falta aumentar los regadíos.  

 Se rió mucho y también puso un poco cara despreciativa.  

 Y quizás por lo último... 

 A don Emilio, me lo dijo después, no le dio la real gana de hablarle de la capacidad de campo, del complejo de cambio intercatiónico, ni de como las tierras de regadío multiplicaban por cuatro su valor respecto a las de secano. 

 De todo lo que habíamos preparado antes de la reunión con aquel individuo. 

 A mí tampoco me apetece aburrirles a ustedes explicándoles esas historias, que en definitiva son la nevera y las presas que no vemos pero tienen los suelos. 

 Ustedes perdonen, pero hablar con alguna gente siempre fue muy difícil. Con los que creen que las plantas de crecimiento rápido crecen por milagro de Dios como lo hacen, es imposible. 

 Pero habrá que intentarlo porque el agua, bien precioso, debe ser de todos y para todos.  

 Amigos, permitidme que os llame a defender el agua de los montes y contra los depredadores de los seres vivos. 

 Ya veis, amigos, este “nadiña” que soy yo, creo que el gran depredador de nuestras tierras, de nuestras vidas y de lo vivo que nos rodea es un árbol: el eucalipto. 

 Dos amigos de la palabra “nadiña” Paco Vidal, de Oroso, y Roel Álvarez, de Chaveán la decían mucho. Eran dos sabios que sabían lo que valía el agua. Algo me dictaron mientras escribía.

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