Francia, vanguardia en la lucha obrera por los salarios
Josep Lluís del Alcázar*
El 18 de octubre, la huelga general
convocada por CGT, FO, FSU y SUD-Solidaires, así como de las organizaciones
juveniles y estudiantiles francesas. Los y las trabajadoras de la educación, de
los ferrocarriles, de las industrias química y aeronáutica, de las guarderías,
de la salud y de las residencias de ancianos, fueron los sectores más activos
en la huelga. Alrededor de 300.000 manifestantes recorrieron las calles en 150
ciudades. Hubo un centenar de bloqueos de institutos y otras acciones por parte
de estudiantes de secundaria. La movilización exigía aumentos salariales, la defensa del derecho
a huelga y en apoyo a los trabajadores de la petrolera TotalEnergies, que se
encontraban en huelga desde finales de septiembre.
Dos días antes, el domingo 16, una manifestación
con 140.000 participantes recorría las calles de París bajo el lema “contra la
vida cara y la inacción climática”. La convocaba la Nueva Unión Popular, Ecológica
y Social (NUPES), coalición dirigida por Jean-Luc
Mélenchon, de Francia Insumisa junto al Partido Socialista, Europa-Ecología-Los
Verdes (EELV) y el Partido Comunista. También contaba con el apoyo del Nuevo
Partido Anticapitalista (NPA), diversas asociaciones ecologistas y de
solidaridad y algunas federaciones sindicales estudiantiles.
La huelga del
29 de septiembre y la de las refinerías
El precedente a la huelga del 18
de octubre hay que buscarlo en la jornada
de huelga nacional del 29 de
septiembre, por un salario mínimo de 2.000 euros brutos, aumentos salariales en
función de la inflación, el restablecimiento de la escala móvil de salarios y
pensiones y la igualdad salarial real entre mujeres y hombres. Salieron 250.000
manifestantes a las calles. Pero unos días antes, el
20 de septiembre, había arrancado la
huelga por salarios en dos refinerías de Esso-ExxonMobil, y poco después
en las de Total Énergies. El resultado fue una fuerte reducción del
abastecimiento y largas colas en las gasolineras.
El Gobierno Macron y su primera
ministra Élisabeth Borne, que viene oponiéndose
al establecimiento de nuevos impuestos a los superbeneficios de las grandes
empresas, el miércoles 12 de octubre empezó a obligar a trabajadores en
huelga a la vuelta al trabajo bajo amenaza de multas y penas de prisión
mediante el establecimiento de servicios mínimos. Los sindicatos respondieron
con demandas legales contra esas medidas represivas contra el derecho de
huelga. Si bien estas medidas han permitido abrir algunas gasolineras,
provocaron la rabia.
Las multinacionales Esso-ExxonMobil y Total Énergies utilizaron los dos
sindicatos que no participaban en la huelga para firmar un acuerdo: la CFDT y la corporativista CFE-CGC, que son
mayoritarios en el conjunto de Total Energie, pero no entre las refinerías que
estaban en huelga. En Esso-ExxonMobil el acuerdo se firmaba el
10 de octubre con un aumento salarial del 5,5% (más un punto de primas) y en
Total Énergies, el acuerdo es de 14 de octubre un 5% para todos los salarios
(más dos puntos en primas).
En las dos refinerías de Esso Exxon Mobil los y las
trabajadoras votaron suspender su huelga el viernes 14 de octubre, tras 24 días
de huelga. Pero las asambleas de huelguistas de Total Energie rechazaron los
acuerdos y votaron seguir la huelga: en tres refinerías hasta el 20 de octubre,
en las otras 2 hasta el 27.
Los huelguistas exigen una subida de salario de
10 %, con el objetivo de compensar la inflación (5,6 % interanual en
setiembre), más una redistribución de los superbeneficios. Total Énergies ha generado un beneficio de
más de 18.800 millones de euros en el primer semestre de 2022 y de 5.700 millones en el
segundo. La remuneración
de su presidente y director ejecutivo Patrick Pouyanné aumentó un 52% este año,
lo que aumenta la indignación obrera.
En
la víspera de la huelga general del 18 de octubre, el Ministro de Economía y
Finanzas, Bruno Le Maire, echaba leña al fuego al afirmar que el movimiento
social actual era “inaceptable” e “ilegitimo” y llamaba a “liberar los
depósitos de carburante y las refinerías”, en un claro llamado a la represión.
Le respondía el secretario general de la CGT Philippe Martinez “el Gobierno ha
subestimado la rabia en las refinerías, pero también la rabia general del
país”.
Macron en la cuerda
floja
Las
direcciones sindicales CGT,
Solidaires, FSU y FO han convocado una jornada de movilización para el 27 de octubre y una
huelga para el 10 de noviembre. A la defensa de los salarios unen otras
reivindicaciones: reducir el IVA de los productos de primera necesidad, la
subida de pensiones y de los subsidios por desempleo con la inflación, la
bajada de los alquileres y de los precios de los carburantes y energía, con
aumento de impuestos a las energéticas, apoyo al transporte público. Sin haber resuelto el conflicto de las refinerías, se
espera que entren en lucha el transporte ferroviario, mientras que comienzan
nuevas huelgas en las empresas del sector aeronáutico de Occitania y en las
centrales nucleares.
Macron
teme un estallido social, motivado por la fuerte caída del poder adquisitivo de las trabajadoras y
trabajadores. Con una inflación que se mantiene en el 5’6%, el Ministerio de Trabajo
reconocía que el salario medio mensual "había aumentado un 3,1% para el
sector de los servicios, un 3,0% para la industria y un 2,6% para la
construcción”.
El Gobierno está en minoría
parlamentaria con 250 parlamentarios (con sus dos socios) sobre los 577. Por
ello Macron quiere recurrir a una vía exprés para aprobar
los presupuestos del 23. Mientras, hay una disputa por ser la referencia de la
oposición entre la extrema derecha de Marine Le Pen (RN) que alcanzó 89
diputados en junio, y Jean-Luc Mélenchon de FI (75 diputados),
que dice estar “dibujando la construcción de un nuevo Frente Popular que
ejercerá el poder en el país cuando llegue el momento”, junto al PS (31).
Tras
los presupuestos, Macron quiere imponer una reforma contra las prestaciones por
desempleo, y otra de las pensiones para aumentarlas de 62 a 65 años. Medida que
en el 2019 fue frenada por la movilización obrera y popular. Hay que recordar
que la lucha contra el intento de Sarkozy de elevar la edad en las pensiones en
2010, movilizó ocho veces varios millones trabajadores/as y tuvo un peso decisivo
en la pérdida de las elecciones de Sarkozy del 2012.
La movilización
obrera contra la inflación se extiende por Europa
Francia está a la vanguardia en las luchas por salvaguardar el poder adquisitivo de los salarios, pero es en toda Europa donde crecen las movilizaciones con esa misma exigencia. Antes del verano en el trasporte aéreo en Francia y Alemania, también entre los trabajadores/as de los puertos alemanes del Mar del Norte. En Gran Bretaña fueron los ferrocarriles y los portuarios de Felixstowe, en mayor puerto de carga. También en el metro de Londres, o los recolectores de basura en Edimburgo. En los Ferrocarriles Estatales Holandeses (NS). La larga huelga de las refinerías en Francia y la huelga general, suponen un salto hacia adelante. En Italia y Portugal hubo manifestaciones multitudinarias. En Estado español miles marcharon en defensa de pensiones y salarios en Madrid el 15 de octubre. En Grecia se prepara para una huelga general en noviembre.
* Es integrante de Lucha Internacionalista.

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