PATRIMONIO
San Leonardo de Yagüe, el primer palacio abaluartado de la Península
ENCONTROS POLIORCETICOS
Entre 1563 y 1605 se yergue en tierras pinariegas de Soria lo que será una ópera prima de nuestra castellología. San Leonardo está unido en su concepción a Juan de Manrique y Bartolomé Carlone, el primero hijo del Duque de Nágera. Esta obra, que fue suntuosa, impresionante, es hoy propiciatoria de todos los abandonos y descuidos, patentes en este pequeño trabajo de campo realizado a día 13 de Abril de 2017. Aunque justo sea decir que existe un proyecto recuperador de este enclave. Hecho “a maniera”, como si de una “fortezza” se tratase (véase la influencia italiana en la época filipina) esta empresa portentosa va a tener resultados asociados a lo compacto, a lo equilibrado y a lo itálico. De hecho, guarda parecido con el Fuerte de Brunella, en Aulla (Toscana), por poner un ejemplo. Asimismo, quedan en evidencia los planes de la monarquía hispánica para potenciar una red universal de baluartes, teniendo en cuenta el empeño de su cabeza rectora, Felipe II.
Es descorazonador ver como el turista es, hoy por hoy, el principal agente contaminador del entorno. Bueno sería cerrar el fuerte y reabrirlo a partir de su puesta en valor. Es inseguro y está siendo vandalizado merced al arranque de ladrillos y rachas, cuando no sillarejos y pedregullos.
Tiene un polígono externo rectangular de 2.780 m2 y otro interno y también rectangular de 1.180 m2 y 135 metros de perímetro, si bien este perímetro total va a recorrer los 265 metros. Si cruzamos las diagonales obtenemos valores muy parecidos en el plano (73 m. entre baluarte Oeste y Este y 76 metros entre baluarte Noroeste y Sureste). El recinto interno tiene unas medidas de 37 x 29 x 37 x 29 metros, afianzando la planimetría rectangular. Sin ánimo de aburrir, convendrá añadir algunos datos más: por ejemplo, su cruce de diagonales interna revela una regularidad (50 x 48 metros) que se determina también en la distancia entre cortinas (29 m. entre cortinas Noreste y Suroeste y 36 m. entre cortinas Noroeste y Sureste).
La observación pormenorizada nos habla de una obra polifacética, a base de mampuesto, aparejo concertado, ladrillo y relleno interior. La película, el forro, es visible a todas luces, poniendo a descubierto la hoja paramental. De entre tanta ruina podemos inferir varias cosas: la abundancia en el empleo del ladrillo como formador de marcos y vanos, en forma empilada, en sardinel o radialmente. Uso del derrame o capialzo en muchas de las luces. De la misma forma, se han utilizado cimbras y camones en toda la ejecución, adoptando formas de medio punto o vuelta perfecta y escarzanos. El ladrillo es del tipo macizado y con dos dedos de grosor, proveniente del cercano pueblo de Tajueco.
A vista de pájaro, se dota de cuatro baluartes artilleros, debajo de los cuales estaba el municionamiento. Su camino de ronda o adarve respeta el diseño del patio palaciego, con arcadas claustrales (6 a cada lado) rebajadas. Llama la atención por ello la buena conjugación de lo civil y militar, ya que la portada principal recoge 6 ventanas con tambanillos y banderas superior e inferior, ademas de estar fuera de cualquier ataludamiento. Portada con un jambaje de 10 piezas y aros fajados (5 a cada lado); puerta adintelada de 7 dovelas y frontón quebrado. Además, es un acceso precedido de plaza de armas exterior ceñida por una falsa braga. Posee orejones a pie de los flancos y línea magistral o cordón. El basamento de los baluartes ofrece desniveles apreciables. La imponencia de este fuerte no puede esconder la necesidad que tiene de una reparación urgente (existe un Plan Director), visto que continúan las agresiones al elemento constructivo que resta. Las piedras, en otros tiempos, fueron aprovechadas para nuevos usos habitacionales, etc..


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