4 de feb. de 2013

OPINIÓN

Straperlo 
ALMUDENA GRANDES
El presidente de la República no aceptó el chantaje y en octubre de 1935 estalló un escándalo monumental.

Daniel Strauss era lo que algunos llamarían hoy un emprendedor. En la década de 1930 fundó una empresa, junto con un tal Perle y su propia esposa, apellidada Lowan, para promover una ruleta eléctrica a la que bautizó como Straperlo, reuniendo en un acrónimo sus propias iniciales con las de sus dos socios. De origen judío holandés, como ellos, tenía pasaporte mexicano y hablaba castellano con fluidez. Quizás por eso, España, donde las leyes que prohibían los juegos de azar no contemplaban los procedimientos mecánicos, le llamó la atención.

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