13 de xul. de 2012

OPINIÓN

El aplauso
Por Hugo Martínez Abarca


Dicen que el origen del aplauso está en el teatro griego, en los espectadores de tragedias. Los aplausos no eran una muestra de felicidad ni de alegría ni admiración sino que las palmas tenían por objeto hacerse daño en las manos como una forma de simpatía (simpatía, del griego: sentir con el otro) con el héroe trágico que acababa de arrancarse los ojos tras comprobar que no había podido esquivar a los hados.[+]

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